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domingo, 8 de abril de 2012

MUJERES Y HOMBRE INFIELES

  
        ¿Le ha sido infiel a su esposo (a)?  Bueno, creo que esa es una pregunta bastante incómoda e indiscreta. Tal vez no es una manera muy atractiva de comenzar una reflexión en la que el propósito del autor es que dicha reflexión sea leída por muchos. Y no tan solo que sea leída, sino que sea recomendable a otros.  Mas sin embargo, creo que los temas difíciles y espinosos son los más leídos, por la sencilla razón de que versan sobre hechos netamente humanos y de una comprobada cotidianeidad. En efecto, la infidelidad es un hecho consumado cada día en todas partes del mundo y por toda clase de personas sin importar raza, credo, país, género, ocupación, etc., etc., etc. Le puede parecer extraño que un tema tan complicado y oscuro( mejor dicho “oscurecido” ) no tenga la atención que merece, ni la difusión que necesita, por lo menos para alarmar y prevenir que más gente recurra a este fenómeno cultural con impacto en la familia y en las personas. ¿Por qué razón se habla más de la drogadicción que de la infidelidad matrimonial?  ¿Qué acaso la infidelidad no destruye hogares y afecta la salud mental de la familias al igual que  el consumo de drogas? Pues  claro que sí, por supuesto. No se imagina los dolores de cabeza que causa la infidelidad; aún y cuando todavía no se le detecte en el hogar,  ya se encuentra causando estragos entre los protagonistas, y claro que con los más débiles la repercusión es mayor, es decir,los hijos.
        La infidelidad contiene una valorativa connotación cultural muy importante. Se sabe más de la infidelidad de parte del hombre, pero de la infidelidad femenina hasta hace pocos años sabíamos muy poco, de hecho hemos aprendido mucho más en los últimos veinte años que en un siglo. La razón principal de esta circunstancia, es la preminencia de la cultura machista en la sociedad occidental. La figura masculina, como protagonista principal de los acontecimientos en el mundo, ha tomado ventaja en la  sociedad y en la política que le ha tocado vivir a lo largo del tiempo. Así también, ha sido personaje principal dentro del núcleo del hogar en el que ha sido designado como el jefe, el proveedor, la autoridad máxima porque es quién toma las decisiones importantes, además de que define y moldea la estructura del hogar. En muchas sociedades todavía existe la idea de la superioridad del hombre sobre la mujer. De hecho, algunas regiones de Medio Oriente, que comulgan con el Islamismo, en sus oraciones dan gracias a Alá por no haberles enviado a una niña, en el caso de las mujeres que dan luz a un bebé varón. Tal vez éste sea un caso muy peculiar, pero en las sociedades de occidente la cosa no es muy distinta que digamos. A los varones siempre se les ha destinado las mayores expectativas de crecimiento y desarrollo profesional y de participación ciudadana, porque realmente las sociedades han sido diseñadas por y para ellos. En tales circunstancias, es de pensarse que los hombres han llevado la batuta en la sociedad y en la familia. Debido a ello, quizás la infidelidad masculina sea un asunto más de cultura, y la infidelidad femenina un problema de control de impulsos y de emociones, quizá de desamor, más un asunto del corazón. A esta variante, hay que agregarle la aceptación de la infidelidad de los varones en la sociedad, o por lo menos la permisividad del asunto. No en el caso de la mujeres, quienes, viéndose más desfavorecidas, se les ha crucificado por recurrir a ella. Con lo anterior, quiero significar que en la cultura machista el varón ha impuesto la infidelidad como un asunto cotidiano aceptable, culturalmente hablando. Muchas mujeres en el pasado la aceptaban, incluso la permitían, y esta condición era del conocimiento de los hijos y de la sociedad, en muchos casos. No era un asunto privado y oculto, y muchas veces se volvía un tema del que todos hablaban, incluída la consorte. Entre una sociedad y una cultura que permite este fenómeno que atañe a un hombre y una mujer en su relación formal o informal, el hombre encuentra en la infidelidad un recurso válido que parece no atentar contra su moral. Es simplemente un acto consecuente a una falla en la relación, o un deseo mundano “que los hombres poseen”, a decir por muchas esposas que, hasta justifican a sus esposos cuando incurren en infidelidad. En su esquema mental la cultura se sobreimpone y los remanentes personales quedan bajo su sombra. En el mejor de los casos, es un tema implícito que pinta la dinámica conyugal bajo el tabú de las cosas que no se deben de hablar por estar prohibidos.
        Por otro lado, la infidelidad tiene sus raíces en el hogar. Esto es tanto para hombres como para mujeres. El mayor aprendizaje que los hijos adquieren en su vida es, por supuesto,  con sus padres. Éstos son los principales agentes del desarrollo de la personalidad de sus hijos. Además los hijos aprenden más con el ejemplo que por cualquier otro medio. Los padres partícipes de la infidelidad  muestran a sus hijos los patrones de vida y de comportamiento a seguir, y cuando éstos últimos crecen tienden a repetir dichos patrones. A veces la infidelidad es un asunto conocido en el hogar, otras veces no, y en los peores casos la infidelidad es subyacente, existe pero se niega como lo dije antes, o simplemente es un secreto familiar del que nadie habla. Ambos prefieren seguir la fiesta en paz omitiendo el problema original, pero entrando en otro grave problema de relación. Al crecer, los hijos conocen más a sus padres, y ellos advierten la dinámica del hogar y perciben cuando la infidelidad está presente en algunos de sus progenitores. Una vez que  los hijos han aprendido a vivir con la infidelidad a lo largo de sus años de vida en el hogar, ellos incorporan este concepto a sus esquemas mentales y lo ven como parte de las posibilidades en sus propias vidas. «Es obvío que, cuando has vivído con algún patrón de vida específico, es más probable que lo repitas en tú propia vida, que aquel que nunca has experimentado» Los padres somos modelos de lo bueno y de lo malo, e invariablemente forjaremos en nuestros hijos con los valores practicados. Comparto con la idea de que las palabras son importantes, y lo que les digamos a nuestros hijos causará en ellos una impresión importante, pero ante todo debemos decir que el ejemplo es como una gran ola que los arrastra, y ellos tomarán primero lo que tú hiciste que lo que tu dijiste, en tu papel de padre. Nosotros somos sus modelos y ellos son nuestros imitadores, por excelencia.
      Otra causa de la infidelidad en el matrimonio tiene que ver con los problemas de relación entre la pareja. Por lo regular, la frase machista de que “el hombre busca en otra parte lo que no encuentra en su hogar” ha sido la guía falsa que durante años hemos mantenido vigente, que y no la hemos suprimido del todo. Incluso hoy en día es la excusa mayor entre los hombres que explícita o implícitamente se han convertido infieles con sus esposas. Al mismo tiempo, ello ha sido de utilidad para aquellas féminas que han transgredido a la promesa de serle fiel a su esposo. También, éste desbalance es una conveniencia  entre los sexos respecto a la infidelidad, sobre todo para aquellas mujeres que han decidido serle infiel a sus parejas. Ocultas bajo esta cortapisa cultural, muchas veces las damas recurren a este acto  motivadas por problemas en la relación y por la falta de atención de los hombres hacia ellas. La mujer se siente incomprendida y siente que ya no es atractiva a su hombre, como en el pasado lo fue. La relación entre ambos ha perdido intensidad, y él ya no tiene palabras bonitas y agradables para ella. Se siente como un instrumento sexual para satisfacer únicamente a su hombre. Bajo esta situación, ella es una presa fácil de la infidelidad. Su corazón vacío, carente del amor del marido, es siempre un corazón en riesgo de caer en otras manos masaculinas. Muchas veces la necesidad de sentirse amadas es más fuerte que los valores morales y cristianos, reglas de toda la vida de permanecerle fiel a sus esposos. Las mujeres suelen ser más guíadas por el corazón que los hombres, los cuales recurren más al deseo carnal en los casos de infidelidad, dejando el corazón en casa. Eso es algo que la mujer no puede hacer; está imposibilitada para hacerlo, no porque no lo desee, sino por su propia naturaleza. Cuándo la mujer es infiel, en el acto mismo de la infidelidad, piensa en su esposo o marido. El hombre, en cambio, se olvida de su esposa, y en ese momento de pasión le expresa “mucho amor” a la persona con la que le es infiel. Y cuando ambos, marido y mujer que han sido infieles, se acuestan juntos, en ese acto ella piensa en su marido justamente, lo hace suya y lo posee plenamente. En cambio el hombre, bajo la misma situación, imagina estar con la otra, la deseada, la segunda, la incondicional. Sin embargo, ésto no significa que el hombre ha dejado de querer a su esposa, o que ésta sea la razón por la que se encuentre en situación de peligro, de ruptura matrimonial definitiva. Una mujer en infidelidad, y que en el escenario de su acto infiel deja de pensar en su marido, es una mujer perdida para el marido, irrecuperable. El corazón de un hombre es “elástico”, acoplable a las circunstancias, como decía un famoso corrido mexicano “en el corazón de ese hombre caben muchas”, en cambio el de la mujer es maravilloso, tierno, sumiso y entregado, pero inflexible, y ahí solo cabe uno, ninguno más. Una vez que decide alejarse, no hay poder en el mundo que la haga retractarse. Solo Dios por su puesto. Probablemente, entre las razones de infidelidad se combinen la falta de satisfación sexual en la relación, la comunicación inadecuada entre ambos, la falta de respeto a lo largo del tiempo, el dejar que la relación se acabe y las palabras de amor y los detalles desaparezcan del todo. La relación se vuelve una rutina que produce aburrimiento e insatisfación de estar juntos como pareja. Se pierde el apetito sexual y el interés por el cónyuge. Tal vez los hijos ocupen un papel central en la vida de la pareja, de modo que no ya no queda tiempo para ambos. Esto puede ser así en circunstancias especiales, pero mas bien ocurre que se usa el pretexto de los hijos para el alejamiento de una vida marital más sana. Si dejamos que la crianza de los hijos vulnere nuestra relación con nuestros cónyuges, entonces estamos perdiendo terreno, y lo estamos cediendo a la posibilidad de una infidelidad futura. No son nuestros hijos en realidad los que hacen que los cónyuges se alejen cada vez uno del otro, sino mas bien son ambos los que olvidan que el complemento de sus vidas en la relación matrimonial es la relación sexual satisfactoria y de entrega plena entre ambos, y no una entrega unilateral, mecánica, obligada y de compromiso contractual.
    ¿Se ha preguntado usted cuales son los efectos de la infidelidad?  Vayamos por partes antes de hacer cualquier comentario al respecto. El cuestionamiento inicial es saber si la infidelidad tiene efectos de carácter societario, y si éstos a su vez producen algún efecto en la salud mental de quienes están involucrados en ella, es decir los hijos, padres y parientes cercanos envueltos emocionalmente con los protagonistas de la infidelidad. Observe bien que la infidelidad, cuando es un hecho consumado, tiene efectos devastadores en el matrimonio. La relación se viene abajo, y el peligro de una separación es inminente. El efecto visible se concreta a la estabilidad de la estructura y su permanencia, no obstante su dinámica responde a efectos invisibles al observador, los cuales se expresan en problemas de relación y de comunicación; el amor mutuo decae y la esperanza de una vida feliz se desvanece cada día. Si bien la infidelidad trae consigo dos estatus, el que mancilla la relación y el que se victimíza bajo el efecto de lo que el otro produce con el acto infiel. Ambos papeles se complementan en una relación predecible, y eso es lo que la hace peligrosamente estable. La inestabilidad emotiva que desencadena, la tristeza y depresión que puede proyectar en las personas son de los efectos mayores en los casos de infidelidad por ambos lados, ya sea de la mujer o del hombre. La desconfianza se apodera de la relación, y posiblemente nunca se recupere en ambos. Por otro lado, y no menos importantes son los efectos en los hijos. El sufrimiento de los hijos, ante un problema de infidelidad en los padres, es muy grande y deja huellas imperecederas en el alma. Los efectos de la infidelidad matrimonial son vivídos por los hijos como propios, es decir, como si ellos hubiesen sido los culpables de los problemas que sus padres enfrentan. La culpa generada desarrolla síntomas psicológicos comunes y transtornos psicosomáticos como señales comunicativas ante un acontecimiento que bien pudo haber sido único, no necesariamente como un patrón de conducta. Así mismo, sobrevienen otros efectos que impactan a los hijos, en especial a los más jóvenes, como el desempeño académico y conductual, transtornos de la relaciones interpersonales y en la dinámica con los miembros de la familia. La infidelidad puede volverse un patrón repetitivo en el hogar y,  en consecuencia, en un aspecto psicosocialmente heredable a los hijos, de tal suerte que sea constituído como un patrón cultural en ellos através de las generaciones
        Muchos son de la creencia de que la infidelidad en el matrimonio puede ser prevenida. Partiendo del hecho de que éste problema que tanto aqueja a tantos matrimonios hoy día, y que es una de las causas principales del divorcio, el problema merece una atención mayor de parte de las instituciones que se dedican al cuidado y atención de la familia. Tales instituciones dedican un tiempo considerable a los cónyuges en su función de padres, la forma de educar a los hijos y como sobrellevar una buena educación para ellos. Tambien se habla del desarrollo de los hijos, los diferentes aspectos en la vida de los niños y en la dinámica mental en cada etapa del crecimiento, es decir, su personalidad. En todo lo anterior se invierte un tiempo considerable, lo cual presupone que la salud del matrimonio se encuentra en perfectas condiciones. Al tema del matrimonio se le observa como un asunto lateral en el cuidado de la familia y de los hijos, no obstante el matrimonio es realmente un asunto central y prioritario para preservar la salud mental de todos los miembros del hogar. Si de ahí surge el problema de la infidelidad, entonces de ahí hay que valorar los aspectos para trabajar en una plena prevención del problema.
        En conclusión, es importante señalar que el problema de la infidelidad entre dos cónyuges es básicamente un asunto que no solo compete a ellos. Todos los miembros de la familia se ven trastocados por la eventualidad, y el efecto que se produce no es un asunto meramente aislado y único en la vida, sino un hecho que puede volverse sintomático como producto de una sociedad y una cultura que lo tolera y, en algunos casos extremos, acepta. Debemos ser concientes de lo peligroso de los actos de infidelidad y tratar de prevenirlos en el seno de nuestro matrimonio, por nuestra propia sanidad y la de nuestros hijos. Una atención mayor a la relación cónyugal, y un cuidado al amor que la pareja se profesa en forma sistemática son elementos de apoyo para sobrellevar una vida estable, feliz y humanamente predecible. Además, si pones a Dios en medio de tu matrimonio, habrás hecho lo más sabio que hay en la vida. La familia es lo más sagrado que los humanos tenemos en la sociedad, y ha sido modelada y diseñada por el Señor para que tú y yo vivamos juntos en comunión. No desaprovechemos la oportunidad, hagámosla nuestra y evitemos el problema que atañe al presente documento, además de otros que van paralelos a él. Mi deseo mayor es que seas feliz con los tuyos, con la mujer o el hombre que Dios te pusó frente a tí, con la oportunidad de vivir juntos en ésta vida. Donde quiera que te encuentras, donde quiera que vivas, toma lo anterior como un mensaje del Divino y no el de un simple siervo como el que escribe éstas líneas. Así que, hoy mismo ve con él o con ella y dile cuanto lo (a) amas. Dícelo todos los días, cada vez que despiertes, cada día que Dios les dé la maravillosa oportunidad de estar juntos. Es hoy, no mañana, porque el mañana no sabemos si vendrá.
 

    

miércoles, 4 de abril de 2012

Por que usamos las redes sociales cibernéticas


                 ¿Son las redes sociales cibernéticas generadoras de nuevas necesidades en los usuarios? Bueno,esta es una pregunta que merece ser revisada con mucho cuidado,y creo que no es un asunto simple el dar u  ofrecer una respuesta convincente y definitiva.Por su puesto,existe una cantidad de motivaciones envueltas en este fenómeno de nuestros tiempos,que resultaría infructuoso indagar por una explicación generalizada para cada persona en lo particular.No obstante,la posibilidad de ofrecer una aproximación, quizás más descriptiva que explicativa,a la pregunta inicial es muy grande.Y ello es valioso para una evaluación primaria,de lo que hoy por hoy es ya,sin temor a equivocarme parte importante de nuestras vidas,sin importar inclusive si somos o no usuarios de ellas,es decir,de las redes de comunicación social.
                               La aparición del fenómeno que nos ocupa aquí,ha traído consigo una serie de cambios en la interacción social entre los jóvenes especialmente,pero también entre personas no tan jóvenes que se han involucrado de manera sustancial en las redes.En realidad,los millones de personas usuarios de estos servicios,seguramente han encontrado algo de beneficio,y es problable que esta situación los mantenga conectados por un tiempo considerable de sus vidas.Eso dependerá de ciertos factores personales, y del contexto de sus relaciones explícitas e implícitas que efectúen atraves de la red.
                            En primer lugar,muchas personas acuden a la red por un simple hecho personal en sus vidas de establecer contactos de amistad nuevos y de consolidar los existentes.Creo que esta ha sido una de las razones principales por las que la gente ha invadido el universo cibernético de las redes de interacción social.Además pienso que estos medios han sido creados con ese propósito,aunque por supuesto en el camino han despertado y motivado algunos otros factores por los que la gente los usa.Y considere usted el término ”despertado“,con lo cual quiero significar que los usuarios poseen ya ,de antemano,ciertas motivaciones mas profundas que los inclinan a elegirlos.Ya no es tema nuevo,ni que sorprenda a nadie de que muchos matrimonios se conocieron en el «chat»,y de que muchas personas han aumentado su lista de amistades en el mundo,que de otra forma no hubieran podido hacer,si no es que por las modernas redes sociales.Aunque claro,el término amistad aquí es usado de manera muy elástica y flexible.En realidad pudiera haber una cantidad de conocidos muy grande,pero amigos en toda la extensión de la palabra,resultaría difícil considerarlo así,entonces quizás hayamos que reservarnos el concepto.Podemos usar la palabra,mas el concepto debe quedar fuera del escenario en la mayor parte de interacciones sociales cibernéticas.En Segundo lugar,la gente acude a las redes sociales por vanidad.No siempre es narcicismo abierto y declarado,mas bien creo que esta clase de vanidad es la minoritaría entre los usuarios.En el sentido estricto de la palabra,la vanidad responde a una carencia primaria de afectos,con lo que el portador es consistente en un deseo de atención,de ser escuchado y visto,de ser más contemplado que amado.Usted podrá decir que todo esto nos corresponde a todos los seres humanos.Eso tal vez sea  cierto,pero cuando se recurre a un medio electrónico para conseguir adulaciones y te vuelves dependiente de  ello,entonces estamos hablando de un asunto de vanidad. No obstante,la vanidad nunca es satisfecha del todo,y se vuelve  un barril sin fondo,y ni todos los cumplidos que se le ofrecen,las bellas palabras que se le profesan,y ni tampoco todo lo bueno que se dice de él o ella,nada pero absolutamente nada es capaz de llenar el barril de la vanidad.Creame que muchas personas se validan por el solo hecho de que sus páginas son vistas por otros.Muchos jóvenes diariamente abren su cuenta solamente para ver cuantos comentarios positivos  hacen mención acerca de ellos.Muchos otros se conforman con el «like this»,y entre más aparezcan estos anuncios en su comentario o en su página de red social,más se validaran a sí mísmos.Y bueno,no solamente aplica a los jóvenes sino a gente adulta que muestran en sus páginas propósitos serios,humanitarios,y hasta cristianos.Y sin embargo,la vanidad yace subyacente en espera de ser sartisfecha cada dia,cada vez y a cada momento,en un proceso sin fín.En tercer lugar,las redes sociales han venido a reemplazar a muchos padres que no escuchan a sus hijos,de modo tal que el internet se ha convertido en el suplemento de lo que los padres han sido incapaces de responder.En efecto,échele un vistazo a cualquier página de cualquier red social y se dará cuenta usted mismo de la magnitud del problema,y de la pobreza de las relaciones filiales en el hogar.La red es el confidente,allí se encuentran los amigos que escuchan lo que los padres no quieren preguntar por estar muy ocupados,o simplemente por que son padres proveedores de bienes materiales unicamente,y piensan que con eso es suficiente para educar a los hijos.Conozco un caso de una madre que practicamente se comunica con su hija adolescente por la red social que en la casa donde viven juntas.También es triste observar como muchos jóvenes pasan cualquier cantidad de horas al día frente a un computador,y practicamente se consumen como personas frente al aparato,y éste viene a constituirse como el medio por el cual él o ella satisfacen sus necesidades de amor y afecto,de la atención que al padre le corresponde,del consejo y apoyo que tanto requiere.Hay que decir que las redes sociales nunca sustituirían a un padre,ni siquiera tendrían la capacidad de dar una respuesta clara al respecto.Sin embargo,muchos padres se hacen de la vista gorda y cierran sus oídos para no dar cuenta de su incapacidad de responder a las necesidades de sus hijos de forma apropiada.Ni siquiera son capaces de darle un abrazo a sus hijos y de decirles cuanto los aman.En suma,y volviendo a la pregunta inicial de que si las modernas redes sociales desarrollan nuevas  necesidades en las personas,estimo que su función es como un la de un detonante de lo que ya existe en el interior del sujeto.La red social se vuelve un instrumento para que el sujeto de rienda suelta a sus emociones,sus motivaciones un poco mas profundas.Si no es la red,será cualquier otra cosa que la persona encuentre para satisfacerse.La red es entonces una vía de apoyo,un recurso y una fuente de abastecimiento en lo que a necesidades psicológicas se refiere.Cada ves que usted se interne en la red,pregúntese por que razón lo está haciendo.Cada vez que cambie de fotografía en su perfil,cuestiónese que es lo que busca con ello,y que quieren que se sepa de usted con dicha foto o de la información que provee.Si unicamente aparece en la red para ver lo que otros escriben,piense en que le ayuda esta actitud suya o cual es el beneficio.Problablemente se siente atorado en la red,y cada dia necesita ir a su encuentro.Cuando escriba algo para alguién en particular y en correo abierto,pregúntese por que lo hace. ¿Hay algo que le importa a alguien de lo que usted dice? ¿Por que todo mundo tiene que saberlo entonces? Piense y reflexione el por que usa una red social en internet.Respóndase que lo motiva,que lo impulsa a hacerlo,y cuales son las necesidades que usted mayormente satisface.Sea sincero,es con usted mísmo y nadie más.

miércoles, 28 de marzo de 2012

NADIE ES MONEDITA DE ORO


        "Nadie es monedita de oro", es la frase que le solía escuchar muy a menudo  a una compañera de trabajo cuando recién arribé a los Estados Unidos de América, hace veinte  años, que, dicho sea de paso, se me han ido como agua que corre en el río. Doña Gloria, así se llamaba la compañera, era la jefa de la cocina de un restaurante de comida Tex-Mex, en realidad una negociación pequeña, pero con mucho éxito puesto que cada día el lugar era bendecido con una gran cantidad de clientes, en especial anglosajones, los cuales abarrotaban aquel pequeño lugar, justo a las horas "pico": el «lunch» durante el mediodía, y el «dinner» durante horas de la tarde, sin llegar a caer la noche. De cualquier manera, el restaurante siempre tenía clientela, desde que abría al público a eso de las once de la mañana, hasta las ocho de la noche que era la hora que cerraba sus puertas. Para doña Gloria, quien llevaba cerca de veinte años trabajando allí, la numerosa clientela diaria le resultaba, en lo personal, como una adulación hacia su persona y en su calidad de cocinera. Le encantaba platicar de sus proezas culinarias, y de como los comenzales (clientes) se enamoraban de sus platillos maravillosos. Su plática era tan amena que hasta no faltaba quien le bajara al volumen de la radio, el cual operaba permanentemente desde que entrabamos hasta que salíamos de la negociación, y siempre en estaciones de música texana-mexicana, ranchera y corridos, con el objeto de escucharle sus peripecias gastronómicas de las que siempre, debo reconocerlo, me regocijaba. En una ocasión, un cliente de la raza negra pidió cuatro docenas de tamales para llevar, algo usual en aquel lugar. Lo inusual fue que, al cabo de treinta minutos, al hombre negro regresó al restaurante con molestia y enojo. La reprimenda la recibió el «manager»  encargado del restaurante, el cual escuchó del cliente horrores de aquellos tamales que recién había adquirido. Su queja principal es que los tamales estaban crudos, por un lado, y de que aquellas cuatro docenas de tamales tenían toda la sal del Océano Pacífico, por el otro lado. Al cliente se le devolvió su dinero y se le pidió disculpas por el inconveniente. Por su puesto, el manager del negocio arremetió en contra de doña Gloria, quién en esos precisos momentos justamente guisaba los chiles de las próximas tandas de tamales para la venta de la semana entrante. Despues de escuchar el regaño del manager, Gloria respiró profundo para no caer en agresiones mutuas con su jefe. Después, ambos conversaron pacíficamente, aunque con cierta incomodidad de parte de la cocinera estrella del lugar. Viéndose afectada en su estatus, le alcancé a escuchar, "es que le caigo mal a este manager. No cabe duda, nadie es monedita de oro".
        Recuerdo que en una ocasión el encargado de lavar los platos, un muchacho hondureño en sus veintes, y el parrillero del negocio, un mexicano de aproximadamente treinta años, tenían ciertos problemas para llevarse bien. En ocasiones discutían por casi cualquier cosa, hasta que un día y en un momento determinado ambos trabajadores llegaron a los golpes en el exterior de la parte trasera del negocio. Alertada por la situación, doña Gloria salió disparada de la cocina en dirección al patio trasero. Nos gritaba desde el exterior al resto de los que trabajabamos allí, que separaramos a los dos en disputa, tanto al azteca como al catracho. No pasó nada realmente. Sólo unos golpes leves y rasguños. Ambos fueron castigados. Al ratito, pasado el desagradable hecho, doña Gloria, en defensa del jóven hondureño comentó, "es que nadie es monedita de oro", ese paisano es como la fregada y no se da a querer. Era tan común escucharle la frase, que todos los trabajadores la empleábamos en nuestras vidas. Tengo fresca en la memoria las canciones que la radio tocaba cada día de trabajo, no así los nombres de los cantantes los cuales olvido con suma facilidad. Muchos cantantes texanos como Emilio Navaira, Selena, entre otros que escapan a mi memoria, los escuchaba cada día. Selena era una de mis favoritas, pero en los primeros meses del año 1996 ocurrió la desgracia del homicidio de esta cantante, tan famosa en ese tiempo. Doña Gloria lloró al saber la trágica noticia, y todos allí, sus compañeros de trabajo, estuvimos para consolarla. "Tan buena que era esa muchacha. A quién le hacía daño, ¡a nadie,a nadie. Al contrario, era ella pura alegría y amor, ¿a quién le podría haberle caído mal?" – comentaba doña Gloria con cierta aflicción debido aquel suceso de repercusión en el mundo misucal. Y prosiguió diciendo - Pero como siempre digo, nadie es monedita de oro, y esa vieja que la mató la tendrá que pagar – sentenció la cocinera. Y creo que doña Gloria no se equivocó en su predicción. Poco tiempo después encontré otro trabajo, y sólo me quedó el recuerdo de lo que fue el quehacer de la cocina profesional, de las anécdotas y enseñanzas de doña Gloria y de la grata compañía de mis compañeros. Una experiencia inolvidable que cada vez que escucho la ancestral frase "nadie es monedita de oro", evoca una porción de una  época de mi vida en los Estados Unidos.

jueves, 22 de marzo de 2012

Búscando,esperando ó saboteando el amor

       Si estás buscando el verdadero amor en tu vida,o pretendes rescatar el que parece haberse perdido,debes saber tan solo un par de cosas al respecto.La primera,no lo busque más.Lo verdaderos amores llegan cuando menos te lo esperas,solo llaman a tu corazón, y ya sea que estés ó no ,ese será su destino y el tuyo también.La segunda,cuando verdaderamente llegue ese amor a tus manos,ofrécele tu corazon,abrelo a él con la certeza de que hará lo mismo,por que seguramente un corazón amoroso y vehemente se paga con otro corazón que palpita por amar y ser amado.
       
        Ahora bien,lee lo siguiente a ver que te parece.
      
        Si estás buscando el verdadero amor en tu vida y le pones trabas cada vez que se acerca siquiera,o estás pretendiendo rescatar al que piensas se había diluído en el tiempo,pero el orgullo no te permite actuar con libertad de amar,entonces debes saber dos cosas al respecto.La primera,búscalo cada día incesantemente,lucha por él hasta el cansancio.Los verdaderos amores no merecen trabas,por que se ofrecen sin condicionamiento de ninguna especie.La segunda,cuando llegue ese amor de forma verdadera,aconseja a tu corazón abrirse ampliamente y con honestidad.Ambos corazones necesitan sopesar las diferencias y las coincidencias para lograr los ajustes,de modo que al amor que se profesen,pueda sobrevivir al tiempo y a las adversidades,prueba máxima a dos corazones que desean fundirse el uno al otro. 

        ¿ Cuál de los dos párrafos se adapta más a tú experiencia personal?

miércoles, 14 de marzo de 2012

APRENDER A SER FELIZ

        Cuando tienes la valentía y la disposición de abrir tu corazón a alguién más, es en verdad un hecho histórico, y les explico por qué lo considero así.
        En nuestra naturaleza de seres humanos, todos necesitamos de otros, y de alguna manera requerimos de la convivencia, por lo menos el vivir cerca los unos de los otros para efecto de asistirnos mutuamente en diferentes órdenes y para las diferentes necesidades, y esa necesidad inicial de no vivir aislado es lo que se llama conducta gregaria. Si la respuesta del ser humano de vivir en asociación, es decir,de vivir conjuntamente, desde luego que cada quién en su espacio vital, es una respuesta a las necesidades básicas, hoy en día existe una urgencia cada vez mayor en cuanto a ciertas necesidades que necesitan satisfacerse a plenitud. Me parece que la jerarquización de las necesidades  cambia, aunque, por su puesto, las de carácter primario siempre aparecen en primer lugar, porque son necesarias para el sostén de la vida. Más sin embargo, aquí me refiero  a otras que si bien el sujeto no perece sin su satisfación, en verdad ellas son imprescindibles para el balance y la armonía del ser humano. No basta un ser bien alimentado fisicamente, sino un ser que también esté suficientemente bien retribuido de amor en sus diferentes formas, y para los diferentes papeles que lleva en la vida.
        Bajo la constante del párrafo anterior, como seres humanos necesitamos y demandamos un  equilibrio.Y en este balance entran una multitud de variables personales a considerar, y que el ser humano prioritiza de manera sustancial hoy día. Todas estas variables, por lo general van conectadas al deseo de ser amados, pero amados plenamente y, en consecuencia, de amar con todo entregando el ser de forma sublime. Podría sonarle cursi lo anterior, especialmente cuando nuestro corazón ha endurecido sus fibras y se ha vuelto insensible. Es dable mencionar que la vida que hemos llevado en el pasado nos ha marcado, y muchas veces nos entregamos a esta resolución como definitiva. ¿Cuántas veces no ha renunciado al amor? Lo peor es que, de manera consistente, mitificamos este sentimiento, lo vemos como en una vitrina, alejado de nuestras posibilidades, o tal vez esperando a que llegue y el tiempo transcurre sin que esto suceda. Se nos mete a la cabeza que el valor de si mísmo se estropea con nuestros errores pasados, y pensamos también que los otros nos perciben de ese modo, es decir, mirando con la misma lente que utilizamos nosotros mismos para juzgarnos. De este modo, no es de extrañar que el amor parezca estar muy lejos de nuestras posibilidades. Quizás no nos hemos puesto a reflexionar de que ese amor al que tanto le rezamos para que venga, y que no parece escucharnos, nosotros  mismos lo estamos  saboteando con nuestras actitudes. Bueno, con esto ahora quizás ya no nos parezca cursi, pero de cualquier manera nos causa cierta perplejidad, aunque de pronto como que aparece una palabra de esperanza en el horizonte, porque entonces hay algo que podamos manipular para poder acceder a lo que hemos deseado por un tiempo que solo nosotros sabemos. La idea de este párrafo es dejar claro que, el amor no anda en burro, ni mucho menos está del otro lado de la cortina. Ese amor está a su alcance, porque él habita precisamente ahí donde usted lo sufre y lo añora: ¡su corazón! Bueno, déjeme guíarlo a donde yo creo que usted necesita arribar para tener luz al respecto. Vamos pues al siguiente párrafo.
        Quedó claro que ese deseo de amar permanece, aunque el darse al otro yace muy profundo, en un mundo aparte, viviendo una dualidad que lo mantiene atorado. Por lo menos, reconocemos que hemos amado en el pasado y que el corazón aún suspira. Empero, ésta circunstancia es un tanto engañosa, ya que los seres humanos, sea por estoicidad, masoquismo, negligencia o por cualquier otra cosa, no dejamos de mutilarnos los buenos deseos, no cesamos de autocastigarnos como si una culpa nos fuése pisando los talones y nunca nos dejáse libres. En ocasiones somos concientes de lo que nos pasa, pero en otras no tanto. Pero eso no significa, ni mucho menos justifica el hecho de que esas experiencias condicionantes nos mantengan en el ostracismo psicológico, manipulados por los fantasmas que nos emancipan, que nos anulan dejando tras de si una estela de tristeza. Constantemente somos humillados y violados, y muchas veces nos entregamos a este interjuego malévolo renunciando a nuestras posibilidades. Consecuentemente, obnubilamos nuestra conciencia y le colocamos un cerrojo a nuestro corazón, y solo nos dejamos llevar por la inercia de los traumas y de todo lo fantamasgórico de nuestro pasado que nos priva de nuestra autenticidad. Que difícil es admitir el amor bajo este paupérrimo estado psicológico. Y no tan solo no lo admitimos, sino que lo ahorcamos, lo destrozamos, lo trasfiguramos de manera que, ese amor tan hermoso que ha salido de un corazón deseoso de amar y ser amado lo convertimos en el opuesto, en algo que perjudica y vulnera nuestro encapsulado, achicado y entristecido corazón. Nos hemos vuelto el enemigo número uno de nuestro porvenir amatorio, de la felicidad que nos espera una vez liberados de tanto tapujo impuesto por la cultura a través de su portavoz y operador principal de los corazones: la familia. Por supuesto que aquí no crucificaremos a la familia como tal, no obstante debo hacer mención de la parte activa que tiene en nuestras vidas, del efecto tan importante que tienen los valores aprendidos en ella, asi como tambien los traumas que de ella se derivan y que son un componente insoslayable en el presente de cada uno de nosotros. Empero, esto no está en la mesa de análisis ahora, sino la capacidad del individuo de sobreponerse a su pasado para lograr su felicidad total, venciendo toda clase de obstáculos culturales heredados. ¿Se puede ser feliz? Y cuántos no responden con una negativa, o bien arguyendo que la felicidad solo son momentos breves en la vida, como gotitas de miel en el mar de agua salada. ¿Tan poquito se merece el corazón humano?
        En la vida hemos sido educados para sufrir de manera sustancial, pero no nos educan para ser felices y disfrutar de los placeres de la vida, de la convivencia, del profesarnos el amor y de darnos el uno al otro. Cuando nacemos, inmediatamente nos sellan el corazón con las enseñanzas que la cultura impone. Nos ciñen y nos restringen, nos controlan y nos asfixian. En el evento de la educación inicial concurren tantas limitaciones, de modo que ningún corazón queda libre a tanto acoso. Por su puesto, esto tiene una parte fundamental para el aprendizaje del sujeto en la sociedad. Más sin embargo, esta violación al corazón se prolonga durante toda la vida en muchos hogares. La persona arriba a los veintes y el hostigamiento continúa. Llegamos a los treintas y nuestros padres nos tratan como si tuvieramos ocho años. En adelante nuestros padres probablemente sigan el frente de batalla de nuestras vidas, mas sin embargo cuando ellos no están en persona lo están en sus enseñanzas, en las reglas impuestas, en los consejos eternos, en las frases míticas de familia, en las prácticas y hábitos fundados por ellos en nosotros, en las costumbres y celebraciones, en la forma de hablar, de actuar, de decir y no decir, y hasta de mentir. Ahí están nuestros padres sempiternos, llevándonos de la mano aún sin su prescencia física. ¿Debo librarme de esa atadura? Depende desde la perspectiva que se le vea. Hay ataduras que son benditas, y las hay malditas también. Si eres una persona enteramente feliz, no hay nada que desatar, pues todo esta bien.Y eres feliz porque vives el presente en base a tus decisiones y responsabilidades, y has aceptado tu pasado de manera tal que lo controlas y lo manipulas a tu antojo. Has podido capitalizar los eventos traumáticos del pasado y los tienes en el puño de tu mano. Has puesto de frente las cosas positivas que te inculcaron tus progenitores y las has puesto en marcha. También has decidido asumir la batuta de tu vida, llevarla por el buen camino y te has aventurado al juego sano del amor con profundo respeto a ti mismo principalmente, respeto a tus valores (sin caer en la rigidez de los prejuicios heredo-culturales), respeto a los que amas, y un profundo respeto a la persona con la que has decidido vivir toda tu vida. Posiblemente te encuentras atorado en una fase de tu vida y no eres feliz; viene entonces un recuento del diario devenir con el propósito de detectar lo que está pasando en la vida. La única forma sana y efectiva de lograr avanzar en este renglón es mostrarse tal cual, dejar ver la basura que hay dentro para poder retirarla y sanear los espacios interiores; sanarte tú. Lo que decía antes, muchos de nosotros hemos sido corrompidos y violados, aún por nuestros padres. Nuestro corazón ha sido privado de la capacidad de amar, de modo que anda suspicaz por el mundo sin la capacidad de darse a los otros. Un corazón trabajando al veinte por ciento eventualmente es un corazón vacío y frágil. ¿Cómo podéis ser feliz asi? Es imposible amar si tú corazón no ha sido enseñado a tomar riesgos, a entregarse profundamente al otro que también lo necesita. Ahora hay que  reenseñarlo, reeducarlo, dejar que lo hediondo e infecto salga de él y lo libere para que pueda renacer en todo su esplendor. Es tiempo para reflexionar y reconsiderar lo que debemos hacer para volver a amar, si es que alguna vez fuímos capaces de hacerlo, o de amar por vez primera si es que nunca nuestro corazón a experimentado ese sentimiento tan grande y tan bello que Dios nos regala y que pocos hacen suyo. Atrévete a la aventura del amor. Tal vez detrás de ti el amor te espera; tal vez ha estado ahí por años y no lo admites en tu vida precisamente por tantas limitaciones que tienes. Quizás ha llamado a la puerta y no lo has querido recibir por tantas razones resumidas en prejuicios y traumas. Anda ve y cuéntale a Dios Padre que nunca te falla y que siempre está allí para cuidarte y protegerte. No es cierto que las oportunidades se presentan pocas veces, o lo que es peor, una sola vez en la vida. Quién no ha escuchado lo siguiente, "el amor llega una sola vez a tu vida". Seguramente un pesimista inventó tal frase, y todos los que tienen el corazón privado al amor la secundaron. En verdad, la vida nos regala un montón de oportunidades a cada momento, lo que pasa es que vivimos con un velo en los ojos, una tapaderas en nuestros oídos y un enorme candado en el corazón. No vemos, no escuchamos y no palpitamos. En su lugar,observamos, oímos y latimos. Resurgamos de este anquilosamiento que nos mata cada día un poquito de lo que somos. Seamos sensatos y sinceros consigo mismos y hagamos un esfuerzo para superar nuestras cargas. Nunca podrás olvidar los traumas de tu infancia, adolescencia y de la adultez propiamente hablando. De hecho, olvidar es imposible. Todo ha quedado grabado en tu mente. Lo mejor es aprender a vivir con esos malos elementos, manejarlos y controlarlos. Entrégale al Señor lo que traes, ese saco de recuerdos que te acosan y no te dejan vivir; esos prejuicios que te impiden crecer y toda la amplia gama de coyunturas y resquebrajamientos en tu vida. Concientízalo y pónlo sobre la mesa para que Dios se haga cargo de ti y de tu carga. Y recuerda, "no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy"
Si crees que lo mereces, pues adelante y no retrocedas en ningún momento. Si sospechas que todo lo anterior es pura paja, pues sigue adelante también con lo que tienes. Tal vez no estés preparado para un cambio de tal magnitud.Y si todo está bien y eres muy feliz con lo que eres y con lo que tienes,y alguién más comparte su corazón contigo fraguados en armonía total, te felicito profundamente. Para quien necesita un cambio radical en su vida, dedico la presente reflexión. Recuerda, Dios está ahí para hacerlo, Nadie más,solo Cristo, pésele a quien le pese.

sábado, 10 de marzo de 2012

EL PASADO HABITA EN EL PRESENTE

       ""Resulta contradictorio para mi por qué a veces me parece muy complicado y oneroso de manejar y en otras ocasiones noto que es muy simple,respecto de un sentimiento de minusvalía que invade mi alma.Siento que no valgo nada,y hasta palpo que la vida ha sido muy injusta conmigo.En primer lugar,no me gusto como soy y,a decir verdad me parece que nunca he tenido un concepto valioso de mi mísmo desde que tengo memoria.Tengo aún presente que cuando me miraba al espejo,inclusive en la etapa de mi niñez,me horrorizaba de mi físico,de mi cara y de todo cuanto se reflejaba de mi persona en el cristal.Todo eso ha pasado ya,y sin embargo ahora  como adulto percibo que esos sentimientos vuelven de manera intermitente a  mi vida,como bosquejos del pasado martillando mi presente,como tratando de hacerme notar que a ellos me debo, como si fuesen cláusulas vitalicias que inexorablemente me habrán de consumir.Por el otro lado,aún con el vivo recuerdo de mis progenitores y con el dolor que emana de las reminiscencias de cuando me comparaban con mis hermanos,de la impotencia de buscar una defensa válida y del momento en que mi corazón quedó sellado con esa experiencia adversa,de aquel abuso del que pensé había desaparecido de mi memoria.Son remembranzas que me traen no tan solo un dolor en el alma,y yo que pensaba que ella misma al no poder asirse era incapaz de experimentar dolor.Advierto que  también las malas experiencias no han cicatrizado,y aún me expongo con martirio,como la carne expuesta,sufriente y ardiente de dolor.Por estas cosas y por muchas más,el valor que me define ante los demás me empobrece,me humilla;el desaliento tiene el poder de controlarme,de hacerme de su dominio y poseerme a su antojo.Es en la relación con el mundo cuando percibo que mi ser se divide en dos,sosteniendo una verdad y una falsedad al mismo tiempo,como dos túnicas opuestas.Sostengo dos caras por que me asusta que me descubran en lo que soy realmente,poniendo de frente la cara falsa,la fingida,la que,admito sin temor a equivocarme,me sostiene frágilmente ante el peso de la faz real,la que tiene forma y fondo, y no está vacía y hueca como la otra,la que como emergente me pseudoasiste en mis penas. Cada una de mis experiencias actuales se subyugan a un pasado que me oprime,me controla sobremanera y me genera un sentimiento de frustación enorme.Cada vez,y como un ciclo enfermizo que me sustrae y que se regenera a si mísmo,mi presente se suprime por mi propio pasado y deja de ser. Mi presente devorado por mi pasado,dejando la huella perenne en un corazón que llora su destino,su pobre porvenir atado a cadenas de maldición que no cesan,que nunca cesan;que no mueren,que nunca mueren""

viernes, 9 de marzo de 2012

SABER ESPERAR

La espera siempre es un factor generador de, ya sea angustia, incertidumbre, desasosiego o de prestancia, disponibilidad y madurez. Cuando actuamos deseamos que las cosas se sucedan, que ocurran en una secuencia temporal ordenada, predecible. No obstante, la experiencia nos enseña que esto no siempre acontece, y en ello es donde debemos ajustarnos en nuestros deseos y necesidades. Algunos hemos aprendido a esperar actuando razonablemente. Hemos aprendido que no podemos modificar el curso de ciertos acontecimientos a nuestros intereses. Con ello, ha sido un logro el nivel de paciencia desarrollado y la generación de actitudes sólidas de frente a las circunstancias. Quizás, y lo mas importante me parece a mi, es que hemos logrado postergar nuestros impulsos, sosegado nuestro carácter y echado mano del anhelo de superación. La probabilidad de que lo anterior ocurra es incierta, aunque siempre estamos a favor de su desarrollo en contraposición a la impaciencia y desesperación que en algunas personas la espera acarrea. En realidad no importa a qué o a quién. Significa de manera general que, aunque no todos con la misma intensidad y frecuencia, tendemos a la impaciencia, angustia, desesperación y hasta cólera cuando esperamos. El reloj nos taladra, el deseo interior nos quiebra. Irrumpimos nuestra conciencia de forma brutal dejando trasminar lo primario ahogándonos en nuestros propios impulsos. Mas ello no cambia en nada por lo que tanto nos inquieta, y sin embargo nuestra persona se degrada y nos transfigura por lo malsano y corrompido que aflora de la vasija interna; las trasbocadas e inexpugnables pulsiones que trastocan y perforan nuestro corazón.