Seguidores

domingo, 15 de mayo de 2011

MI DIOS PROVEEDOR








Cristo, llena de bondad mi corazón y librame de la envidia que me hace perder la razón

Cristo, deposita en mi una sola gota de tu amor
y convertirme así en el ser más féliz, en tu honor

Cristo, despierta en mi buenos sentimientos para ser un portador de tu bendita palabra

Cristo, despójame de toda frustación y pesadumbre y vierte sobre mi el de la fé y la mansedumbre  

Cristo, conviérteme para servir a otros sin condición
Tan sólo por amor, por fe, por… por ti Cristo en oración

AMOR AL PRÓJIMO










Mi amor por ti se ilumina cuando
al mirar al prójimo, veo la faz de tu cara

También, mi amor por ti se prende
cuando cobijo a un desarrapado

Siento salir el corazón de mi pecho
cuando ofrezco pan a quien no lo tiene

Las fibras de mi cuerpo se estremecen
cuando le doy agua al que sed tiene

Todo mi ser se regocija cuando converso contigo
y mi alma se llena del bálsamo bendito de tu amor

Seguiré en ti en cada proceder
cada vez, en cada momento, en cada nuevo amanecer

REMORDIMIENTOS





Padre celestial, merezco el peor de los castigos porque he sido un mal padre para mis hijos.
Nunca estuve allí cuando ellos me necesitaron. Siempre hubo algo “más importante” que ellos, aún siendo de mi propia carne.
Cuántas veces les negué mi tiempo, mi amor, y solo les repartí las migajas del resto del día.
Cuántos fines de semana perdidos en los que solo figuraban “mis amigos”
Cuántas veces mi hija la mayor me suplicaba con su mirada un tiempo para ella, una caricia, un beso, y yo ni siquiera me daba cuenta envuelto en mi propio egoísmo
Era un padre, es cierto, pero como “papá” mi corazón lucía vacío.
Ahora que ellos han crecido siento en carne propia los errores cometidos.
Mis hijos me reclaman aquel tiempo que no les ofrecí; el tiempo que les pertenecía; el tiempo que yo les robé.
Me muero por ganarme sus corazones, de que me perdonen por el daño que tanto les hize con mi ausencia. Pero…
Me falta valor para mirarles a los ojos; me asusta la idea de que me rechazen por siempre. Pero sobre todo, me aterra la idea de quedarme solo, del mismo modo como yo los dejé a ellos cuando eran unos niños indefensos.
La cobardía me cubre, la vejez me debilita cada vez. Siento que no puedo más ante la indiferencia de mis hijos.
Perdona DIOS tanta miseria repartida, tanta bajeza extendida.
Te ruego que hagas que mis hijos se vuelvan a mi, y que yo sea el papá que algún día les privé.
Finalmente te pido perdón Padre, perdón que desmerezco, pero que hace falta para suprimir las culpas que atosigan mi conciencia.

La enseñanza del sufrimiento










Oh Señor, déjame sentir la soledad

    
Déjame sentir el dolor y la tristeza, y que penetren en lo más profundo de mi corazón


Por favor deja que yo sienta el miedo y la desolación, y de aquello que es malévolo para mi espíritu, si con ello puedo redimir mis culpas



Permite que mi ser sea depósito de la recriminación y la venganza; que todo de mí sea masacrado, menoscabando todo cuanto fuí en el mundo del desacato.


DIOS, te ruego de la manera más encarnada y visceral que hagas cuanto te pido, porque he sido el más malo de los hombres.


He hecho lo inconcebible, lo inimaginable. He practicado la malicia por años, y poco me han importado los demás.


 Mi DIOS, ¿Harás lo que te he implorado?


                Sólo sé que lo que hagas de mi será lo más            correcto para mi existencia.

ESPIRITU PERDIDO





Cuanta amargura expuesta
Cuanta pretensión excelsa
Cuanta banalidad concebida
Cuanta desdicha vivída

Es el alma corrompida
Excenta del amor divino
Llena del espíritu indigno
Maltrecha por la mala vida

DIOS, dale esa pasión
Abrázale con la fe verdadera
Concédele la sabiduría
Para entender a su prójimo

Sé que se ha despojado
Del amor que nos has enseñado
Cobijándose de un espíritu malo
De un amor falso que lo ha degradado

Cristo Jesús, perdonad a mi hermano
Que en desgracia pisa el fondo
Clarifica su conciencia, su razón
                                     Abre con tu bendita gracia su corazón

EN EL DIA DE MI MUERTE





La muerte me llegó por sorpresa en un momento de mi vida en que yo no la esperaba.

Advertí que mi cuerpo flaqueaba hasta que se desvaneció y mi mente se oscureció.

No supe de mi por un tiempo que no preciso. Después de ello, mi conciencia reapareció.

Al principio todo me daba vueltas, hasta que una paz indescriptible se apoderó de mi ser.

En seguida, una luz hermosa y fragante me envolvió. La sensación que producía en mí  era maravillosa.

Aquel lugar me pareció algo cercano a la Gloria, y no quería alejarme de ella.

Alrededor de mi cuerpo estaba un equipo de doctores y enfermeras tratando de revivirme.

Sentí mucho miedo, no quería volver, no quería sufrir. Aquel cuerpo mío parecía una filtrapa.

Me volví a la luz y un gozo enorme cubrió mi ser. Avizoré un camino bello, magnificente del cual no deseaba regresar.

Luego, mi alma comenzó a ascender al cielo, lugar en donde yace y se llena de gozo.

Me encuentro en el lugar donde debo esperar para el juicio final, a la espera de rendir cuentas a DIOS.