¿Feliz Navidad? Pero ¿y desde cuándo
asistes a la misa y cumples con los sacramentos como para suponer que tendrás
una Feliz Navidad? Ciertamente, y no es nada grato recordarte, la navidad no es
lo que te traes entre manos, como por ejemplo el disfrutar de una gran cena,
suculentos platillos y tremendas bebidas para pasarla superbién. Mucho menos
significa que la navidad sea el baile y la música estrilosa que acostumbras cada
año cuando arriba esta celebración. También debo decirte, y duele escucharlo
aunque yo no tengo ningún empacho en expresarlo, pero sí con la cristiana responsabilidad de recordártelo, que
si estás en espera de celebrar la navidad lo primero que deberías hacer es
cuestionarte si realmente tienes en tu corazón a Dios. Si no tienes la certeza
de ello y pluralizas la respuesta, u ofreces una bastante impersonal para así
librarte de una respuesta personal e íntima, entonces la celebración es sobre tu
propia navidad o la navidad de sabe quién más, pero nunca la navidad del Señor.
Así que antes de expresar, y cualquiera lo puede hacer, lo cual es muy válido,
Feliz Navidad, averigua si realmente el adviento ha traído consigo la presencia
del Señor en tu corazón y que realmente la víspera de la celebración será en su
Nombre. De ser así, entonces naturalmente la fiesta cambiará de rumbo y muchas
cosas impresindibles para el “reventón” dejarán de estar presentes porque ya no
tendrán sentido. Pero si es sólo tradición decir ¡Feliz Navidad! y la celebración de algo tan bello es pujantemente una
banalidad expresa, pues entonces esa navidad es de quién sabe quién, pero nunca del
nacimiento del niño Jesús. De este modo, tienes el derecho de decir Feliz
Navidad, pero no será en su Nombre, y bajo esa perspectiva carecerás del
privilegio de sentirla, y así será por lo menos hasta que hagas tu propia conversión
a Cristo Jesús.
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lunes, 21 de diciembre de 2015
domingo, 13 de diciembre de 2015
NI PADRES NI HIJOS A LA PERFECCIÓN
Quizá no seas el mejor padre del mundo, y ¿quién
lo es verdad? Es probable que aún sientas culpa porque no tuviste el tiempo para dedicárselos
con esmero y cariño debido a las largas jornadas de trabajo que te mantenían ocupado,
y solo por ellos, aunque parezca paradójico. A lo mejor, te perdiste de sus
primeras palabras, sus logros en el kínder y en la escuela elemental porque no
estuviste allí o nunca visitáste a sus maestros, y ya sea ello por tu trabajo o
por tu desinterés para ser claros en esto. Tambien es muy probable, y esto porque
nos pasa a la mayoría de los papas del mundo, no les compraste lo que pedían
con insistencia, aquel juguete, aquel aparato o aquella bicicleta. Simplemente
no tenías el dinero, y eso te dolió hasta en lo más recóndito de tu corazón, y
aún te duele de solo recordarlo. Tal vez
eres de los padres que jamás tocaron a sus hijos para reprenderlos, pero ahora
te arrepientes de ello. O lo contrario, en el otro extremo, quizá les pegaste
con tanta saña, de seguro para descargar tus frustaciones personales, y ahora
te sientes con una culpa del tamaño de las Torres Petronas, allá en Malasya. Y
el sentimiento de culpa se eleva más cuando por situaciones de conflicto algunos de tus hijos te lo recuerda, en el
mejor de los casos, o te lo restrega, peor aún, con sobradas razones. Pero, no
te preocupes tanto ni te desalientes si tus motivaciones pasadas y/o presentes
son sanas y están dirigidas con la mejor intención desde lo profundo de tu
corazón. Y te digo lo anterior porque asi como no existe un padre perfecto,
tampoco existe un hijo a la perfección. ¿Acaso hay alguien, en calidad de hijo,
que se autodenomine “perfecto”? Por seguro que nadie levantará la mano para autoafirmarse.
Todos y cada uno de los hijos, por muy buenos y humildes que se consideren, tal
vez hijos modelos que sus padres no pierden oportunidad de presumirlos ante
otros menos afortunados, y que todo padre desearía tener, tremendos muchachos y
muchachas de bien y para bien, pero una cosa si te digo: ese hijo(a) te ha
fallado alguna vez, consiente o inconciente, voluntaria o involuntariamnete ,
pero seguramente lo ha hecho, y me atrevo a decir que lo seguirá haciendo. ¿Por
qué? Por la misma razón por la que tú y yo fallamos como padres, porque somos
seres humanos. Lo único que nos salva de morir alienados y con la vergüenza en
la cara es cuando pedimos perdón y nos arrepentimos de verdad ante el Señor. La
clave no es fallar si en tu corazón , en tu mente y en tus actitudes esta la
idea de ser mejor. ¿Puedes imaginar si no fuera así? Pero si reconoces tus fallas
y te postras, ya seas padre o hijo, según el caso, estás haciendo justamente lo
que nos encomienda DIOS, EL PADRE PERFECTO, a través de su hijo CRISTO, el
verdadero HIJO PERFECTO en los cielos y en la tierra. Refugiarse en el Señor y
adoptar sus posturas en la práctica de la vida diaria nos hará, no perfectos,
pero si mucho más auténticos hijos de su presencia. Sé un mejor padre, sé un
mejor hijo, seamos mejores padres e hijos porque la dicha de serlo viene del
cielo.
viernes, 11 de diciembre de 2015
PAPÁS, NECESITAN ABRAZAR A SUS HIJAS
LA DEMANDA DE AMOR DE LAS
HIJAS A SUS PAPÁS:
¡Papá, necesito que me abrazes
cada vez!
Podrías estar con el intenso deseo de
abrazar y besar cariñosamente a tú hija(s), pero casi nunca o nunca lo haces. Resulta
que, tal vez por circunstancias de la vida, eres poco expresivo en tus afectos,
y en ello te remontas a tu propia experiencia en la infancia y adolescencia,
con tus padres, para dar razón de ello. Sin embargo, con el tiempo esta rememoración
parece ser más un pretexto que una verdadera condición alienante. Y mientras el
tiempo corre para nunca regresar, es decir, tus hijas avanzan en edad para nunca volver a
ser las niñas que algunas vez debiste abrazar con ese amor profundo de padre, de
pronto concientizas de que estás justamente repitiendo tu propia experiencia de
vida, tus propios descalabros y sinsabores. Si estás a tiempo de cambiar el
destino amargo que recibiste de tus progenitores, haz a un lado los traumas que
bloquean tu capacidad de amar a tus propias hijas con abrazos y besos, con
verdadero diálogo de amor y comprensión, porque con tan solo estrecharlas en tu
pecho les hará la vida más plena y segura. Si eres un padre amoroso y expresivo
en tus afectos con ellas, de seguro que tendrán la certeza de saber que la
figura de un hombre no hay que evitarla, sino confrontarla, estudiarla y
examinarla. Evita que tus propias hijas les nazca un temor generalizado a los
hombres que les imposibilite relaciones sanas en la vida, para luego caer en
una de insospechados destinos y de turbias interacciones. Piénsalo seriamente
la próxima vez que tengas a tus hijas de frente, no importando la edad que
tengan. Entre más jóvenes, mayor beneficio y gozo, aunque como dice el dicho, “nunca
es tarde”. Abre tu corazón y Dios guiará tus actos de amor.
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