Sé que sufres por las nuevas formas que
tu cuerpo adquiere con los años. Sé que te preocupa sobremanera los efectos que
en tu cuerpo se han recargado por los embarazos que, sin embargo, han dado lugar
a esos maravillosos hijos que tienes. Tambien sé que has vivido traumada por la
forma en que tu propio esposo te mira cuando estás en la intimidad junto a él,
y que por tal razón prefieres entregarte entre penumbras para que no caiga en
desencanto o, incluso, por qué no, en insipidez, quizá en desazón, luego, para
desconcierto tuyo, en desamor. Tal vez con desilusión te miras al desnudo de
tus formas corporales y caes en el fatalismo recargado en el tiempo, sí, ese que
nunca se detiene y jamás regresa. En tal circunstancia, el envejecimiento
natural de tu cuerpo te despoja del corazón la sencillez, y la espontaneidad se
aleja de tu cuadrante hasta convertirte en una autómata que solo responde al
son de los estándares de una belleza superflua, por cierto en franca decadencia.
Tu exterior se ha minado, y desde tu pespectiva ya no es la misma de la de hace
algunos años atrás, y hacer el amor se vuelve más un suplicio que un encanto.
Incluso, las penumbras de una noche de amor junto a él, simbolizan la lobreguez
de un día nublado y taciturno, lúgubre e intensamente infeliz. Vagos recuerdos
te asaltan en esa noche de entrega, una de esas entregas marcadas por la
parsimonia y el compromiso, dejando lejos la pasión y el deseo de fundirse en
el otro. Ese amor que alejas cada día por tu comprensión oblicua de la belleza,
atajándole una fecha de expiración por el inexorable paso del tiempo, cuando la
real belleza se encuentra dento de ti, la perenne, la inexorcisable, la que
nunca expira y que se queda contigo hasta el fin de los tiempos.
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sábado, 3 de octubre de 2015
sábado, 26 de septiembre de 2015
PARA LA MUJER QUE AMO
Para mi mujer, la dama más
hermosa del mundo.
Ella preguntaba si la amaba, y el otro
respondía que ella era el amor de su vida. Ella se impresionaba de tanto
amor y volvía a preguntar una y otra vez sobre la intensidad del sentimiento
que se destilaba. - ¿En verdad me amas con todas tus fuerzas? - preguntaba
ella, mientras que el otro respondía, con una sonrisa en la boca, lo
enamorado que se encontraba de la mujer en cuestión. El otro prosiguió describiendo
el afecto por aquella dama - “ No recuerdo desde cuando me enamoré de ti,
pero nuestro amor ha crecido con el tiempo. Tú eres realmente una dama en toda
la extensión de la palabra, y tu hermosura se trasmite al conversar contigo,
andar juntos de cuando en cuando, por aquí y por allá. En los pequeños detalles
me doy cuenta de tu belleza y cada vez que te observo mirar al desprotegido y
sufrir por su destino puedo deducir la nobleza de tus sentimientos. Cuando nos
miramos a los ojos, cuando te tomo tu mano y suavizo tu pelo, cuando respiramos
juntos muy cerca el uno del otro, cuando nos tiramos a nuestro lecho y en la
oscuridad nos besamos para despedir una larga jornada en nuestras vidas. Eres la mujer que por amor se ha entregado a mi, y me ha recibido en su corazón
con gran deseo y voluntad propia” - De pronto, el otro dejó de hablar suspirando
profundamente y cerrando sus ojos, mientras que ella reposó seducida y
fascinada al escuchar aquellas palabras. Hoy, me congratulo en felicitar a mi esposa, a
mi bella flor reflejo de un alma buena y compasiva en su día de cumpleaños, y
es esa dama a la que honro y adoro, y a la que requiero a cada instante para
apreciar las cosas bellas de la vida; su onomástico, tan solo una estación en
el camino ahora lleno de paisajes otoñales pero muy hermosos; ella, la que he
amado, amo y amaré hasta los últimos días de mi vida con todo mi espíritu (el
uno) y con todo mi corazón (el otro) hasta que Dios me separe de ella. Muy tuyo
en tu corazón, y yo en el tuyo, en un solo cuerpo y un solo espíritu. Por
siempre mi amor.
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