Tú, mujer Madura de gustos mesurados y
deseos profundos, que reavivas el pasado colocando cada pieza en su justo lugar
potenciando las buenas y las malas experiencias por efecto de promover
justamente tu bienaventuranza y felicidad, la celebración y júbilo de la
ecuanimidad en tus emociones y pensamientos. Sigues siendo aquella mariposa que
distinguíase por la soltura en el revoloteo de sus frágiles y graciosas alas,
no obstante ahora con la fortaleza y el donaire de sus flancos, además de parsimoniosos
y libertarios. Es ahora que comienzas por brillar de dentro hacia afuera porque
de tus bellos labios emerge la sabiduría que la vida otorga junto al encanto
equilibrado de tus afecciones; la delicia de tu oculta intimidad sólo accesible
para el amor de tu vida. Por supuesto, sigues siendo aquella veinteañera damisela
de singulares curvas y elástica piel, pero justamente en el comienzo de tu
atardecer, entre el veraniego y otoñal estadio de tu vida, dejas entrever las
huellas del hermoso regalo de ser madre y dibujas tu rostro con una sonrisa de
completud y satisfacción plena, algo solamente alcanzable en el atesoramiento
de los años vividos. Es ahora que te muestras como una real mujer de pasos y
pensamientos meditados y decisiones caviladas por el crisol de la experiencia. Seguramente
que sigues siendo como aquella novel de pensamientos impúdicos y pulsiones a
flor de piel, no obstante ahora con la hermosura de tu embarnecido cuerpo que
relata los pormenores de tus aquietados impulsos en el crepúsculo de tus
mejores años. Quizá ahora una mujer de pechos caídos, y sin embargo con un
corazón levantado hasta el cielo, aquel que se entrega con profundo amor. Quizá
esa mujer de cintura rebelde, pero de un espíritu que se rodea de los
sentimientos más bellos. Y en ese compás, es el tiempo de gozar cada momento,
cada minuto y cada instante de tu vida porque ahora identificas con sobrada
sabiduría el milagro de vivirla y gozarla de lado del hombre que el Señor ha
dispuesto en tu vida y de todos aquellos que conforman tu círculo familiar e
interpersonal. Irremisiblemente vendrán los años esperando que el Soberano los
mantenga frescos para ti, y con ello aparecerán renovadas esperanzas, aquellas
incorruptibles y profundas ilusiones que pueblan tu corazón para bien amar
aquellos los tuyos y a los ajenos en desventura. Serás la mujer jamás en
decadencia, la dama portadora de los sueños alcanzables, la ascendente y
proactiva, la siempre símbolo del amor dentro y fuera de su hogar. Mujer madura,
que conforme los años arriban tienen el efecto de convertirte en una dama cada
vez más bella, hermosa, plena y de un corazón eterna y permanente joven.